En pocas líneas | A few lines

lápiz y papel 2007/2008 pencil and paper

En septiembre de 2007 comencé a hacer un dibujito por día, con la única intención de dejar fluir las ideas en un cuadradito de 10 x 10 cms. Y así fue que durante tres meses hice todo lo posible por no perder el ritmo de trabajo. En Diciembre le pedí a algunos amigos escritores que le pusieran, en pocas líneas, palabras a la imágen; algo que en realidad no es común ya que en general es más común ilustrar historias que contar imágenes.

it was September 2007 when I begun making one drawing each day, with the only excuse of letting my ideas flow inside a square of 10 x 10 cms. During three months I made all my best to keep the work rithm. By December I invited some friends who are writers to put, in a few lines, some words to the images; something particulary unusual because generally it is more common to illustrate stories instead of telling images.

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Voladuras Capilares


Como si al viento le importara cada pensamiento mío. Como si la arena sintiera cada pesada parte de mi pasado, cada dolor, cada jadeo, y el recuerdo de una noche en la que decidí que éramos semejantes, confidentes y también mezquinos. Inevitablemente humanos.
El agua espeja los miedos, mi piel se alía con el aire y tiemblo ante la llegada de mis lágrimas. Consecuencia lógica de mi frágil caparazón y mis caducas máscaras.

Javier Barrera

 
     

Parece


Las direcciones, apuntan al exacto lugar que pensaba. Nunca pensé de otro modo. Y finalmente, me desdoblo en dos pedazos finos, como lonjas arrastradas por el viento. Con algún que otro temblor me animo a recordar los pasos dados y me entero…¡que el reloj estaba roto! Pero igual el tiempo no importaba.

Javier Barrera

 
     

El camino de la hormiga


…mire si le habré dicho a Ordoñez que se dejara de joder con lo de las hormigas… pero él meta y meta seguirlas…día y noche con la nariz pegada a la fila de bichitos…que si iban para acá …que si iban para allá… que si iban todas juntas… que si esto que si lo otro…yo le dije… le repito… le dije… cortala Ordoñez que esos bichos no son tan boludos como parece…y el huevón dale que dale haciéndose el científico…empezó con que sólo las miraba…ahí no era grave…miraba y anotaba nomás… el tema fue con lo de los experimentos… yo le dije…Ordoñez no les rompas las pelotas…pero nada…que eran inofensivas decía él… ja…ahí tiene… mirá Ordoñez qué inofensivas…sino vea…vea usted nomás… el pobre Ordoñez patas arriba… pero… las cansó a las hormigas… yo le dije… si le habré dicho a Ordoñez que se dejara de joder con lo de las hormigas…

Melina Pogorelsky

 
     

Lastima da lástima

Miró por encima del hombro la imagen que el espejo le devolvía. Sonrió satisfecha. El busto se veía ahora turgente, desafiante. Los meses de encierro en el gimnasio y el cálculo preciso de las calorías incorporadas con cada bocado mostraban un cuerpo más cercano a sus deseos. Sólo faltaba un toque de colágeno en pómulos y labios para resaltar algunos rasgos. Ahora otras puertas se abrirían y podría decir adiós a la rutina de teléfonos, agendas y formalismos. Era cuestión de tiempo. Acarició el pelo rubio, platinado y volvió a sonreír. Sí, su vida empezaría a cambiar. Ya no estaría marcada por los paréntesis de las vacaciones en el trabajo ni por los sábados de peregrinaje a la caza de algún amorío digno de recuerdo. Ahora lloverían propuestas, nuevas oportunidades para sacarse de encima tanto desengaño. Ya no quedaba demasiado resto. Pasados los cuarenta la vida le urgía entre las manos. Y había que socorrerla, construirle una fachada acorde a los nuevos tiempos. Aunque costara, aunque sangrara, aunque doliera.

Bettina D' Alessandro

 
     

Vade retro, charlatán.

Le lancé una frase glamorosa y sublime. Sus palabras y las mías, desatadas y enardecidas, parecían saberlo todo acerca de nuestras esencias. Eran palabras en celo, apareándose salvajemente como intensos animales en la selva aún más intensa del lenguaje. Al igual que lo hacen los pavos reales, abrí el abanico de mis despampanantes páginas tornasoladas, en un sutil y maravilloso cortejo textual.
No exagero al decir que las palabras con las que lo seduje se comportaron cual materia viva en movimiento, animada por una potencia subyacente a lo visible.

 

Carina Maguregui

 
     

Que no te chamuyen, quimono

Cuando escribía lo hacía casi en trance, como si toda yo fuera un espacio atractor de voces que llegaran a mí para atravesarme con el único propósito de ser registradas. En esos momentos mi cuerpo-mueble era sacudido por las vibraciones de un temblor que, supongo, tendría sus orígenes en el inconsciente -aquel fluido progenitor de esas otras palabras.
Pretendía huir de la oralidad de la vida a la que encontraba tremendamente banal. Me aburrían las conversaciones porque -salvo casos excepcionales- eran montones de palabras mal apiladas que no decían nada o se enredaban de tal modo hasta transformarse en trampas.
Desconfiaba de las palabras dichas al aire porque no quedaban pruebas de su decir, se diluían en el oxígeno y se perdían como si nunca hubieran sido pronunciadas.

 

Carina Maguregui

 
     

Renacimiento

Estoy empantanado en el inmóvil océano del tiempo, sintiendo esta lacerante necesidad de ser (es decir, de amar). Fuera de mí sucede la historia de los mundos pero sólo puedo observar. Soy incapacidad. Puro deseo. Acumulación de aburrimiento y frustración, de palabra disuelta sobre palabra disuelta por la corrosiva soledad del monólogo. Siempre el único, el mismo. Opaco y repetido, siempre yo.
De pronto, cuando ya no lo espero…ella me abraza. Luego de miles y miles de años de rutina espesa, las aguas comienzan a fluir. Se abre un remolino. Algo me tantea y me captura. Siento un tirón desgarrador, como la mordida de un tiburón (¿el amor?). Y así soy rescatado de la melaza negra. Traído a la superficie.
Por primera vez en la eternidad, me sucede un acontecimiento: ella. Ahora lo sé, la verdadera vida me ha tomado. Olvido lo que fui cuando todavía no era.

 

Carina Maguregui

 
     

Y será todo un hombre...

Los ojos enfurecidos de Bruno, su agotador ir y venir, sus movimientos perpetuos, su mirada de fuego... ¿qué me guardan esas pequeñas pupilas rojas? ¿Resentimiento, miedo? Soñé alguna vez una familia como contracara del abandono, la calle, los cuerpos mortuorios, el vacío. Pero creí que una familia jamás me sería dada y menos un hijo. Luego nació Bruno. Hoy me pregunto ¿realmente tengo una familia y un hijo? Cualquiera sea la respuesta, debo protegerlo aunque me odie.

 

Carina Maguregui

 
     

Toda la verdad, y nada más que la verdad


La sirena de la cual me enamoré quiso volver a las aguas, intenté retenerla con la fuerza terrestre de mi amor chiquito, pero ella solo agachaba la cabeza, como una confirmación física de lo imposible entre nosotros. Nadie tiene la culpa, le dije, como excusándome y excusándola. La fugacidad de la belleza oceánica está más cerca del mito que del amor, insistí, y estas y otras tonteras le decía mientras ella, con su pelo muriel y su cola de pez, se zambullía en el mar.

 

Gustavo Di Pace

 
     

No lo larga ni en sueños


La candorosa, maternal y puta, tiernayocasta y amorosa madre de los hijos no nacidos del planeta, se esfuerza en que sus sueños salten hacia el mundo de la vigilia. El semen, el ovario y tantas otras palabritas de camaleón, son los mejores tipos de saltos para la supervivencia de la especie.

 

Gustavo Di Pace

 
     

No tiene título


Me ofrecí al Dios en el cual jamás había creído. Lo hice prosternándome como un súbdito a una deidad falsa. Con tanta fe lo hice, que de la tierra comenzaron a florecer clavos incoloros, y hasta vi que en la luna floreció uno. Aún hoy, desde aquí puedo verlo, desde este suelo puntiagudo, peligroso y lleno de dolor.

 

Gustavo Di Pace

 
     

Ni mu


Cuando intenté la desnudez la naturaleza se enojó. Demasiado tiempo viviendo vestido acostumbra mal a los otros, incluso a la matriz del mundo. Es que las cosas se revierten, como una naranja nacida al revés en un árbol de raíces aéreas. Será por eso que sufrí los ataques animales de perros y broches y monos y gatos.

 

 

Gustavo Di Pace

 
     
A tomar el té

A tomar el té

Estamos invitados
a tomar el té.
Habrá galletitas,
pan tostado y miel.

Iremos con Rosa,
con Dora y José.
No iremos en coche,
iremos a pie.

Quizá también vaya
mi amigo René.
Pero si irá Berta,
eso no lo sé.

Me pondré un abrigo
largo hasta los pies.
Vestiré elegante
para tomar té.

Silvia Grau

 
     

Llevan, traen, sacan, ponen

Todos en la oficina lo sabían. El ascenso de Rodríguez era inminente, cuestión de días. Todos lo sabían. Hasta el petiso Méndez, que siempre andaba en las nubes. Hasta el cadete. Gorriti aseguraba que los iban a echar a todos. Lo había escuchado al pasar por la oficina del jefe, rumbo al baño. Necesitaban gente preparada, decía, por eso el ascenso de Rodríguez era inminente, cuestión de días. Y Gorriti pocas veces se equivocaba. Marcela trataba de tranquilizar los ánimos, pero en la cara se le dibujaba el miedo. Seguro que pensaba en su vieja enferma. Natalia, en cambio, no articulaba palabra. Algo se traía entre manos. Vega tenía razón cuando decía que era muy zorra, que iba a mostrar la hilacha, aunque con esa cara… Vega sí que estaba jodido, una mujer y cuatro pibes para mantener. En la reunión del mediodía sólo les habían explicado las normas nuevas para llenar el formulario de denuncias. Nadie dijo nada sobre el ascenso de Rodríguez, que se pavoneaba por los pasillos como si ya fuera supervisor. Nadie habló, pero era inminente, cuestión de días. Todos en la oficina lo sabían.

Bettina D' Alessandro

 
     

Elección


Cuando nació tuvo la oportunidad de elegir: quedarse en este mundo absurdo o volverse por donde había venido. Decidió arriesgarse y se quedó…
Eligió, también, el anonimato; un día fue al registro civil y se cambió el nombre y el apellido por los más repetidos en la guía telefónica. También dejó colgados en el camino un montón de sueños y proyectos, por miedo a que lo pudiesen reconocer, que lo señalaran como único.
Se casó con una chica como tantas otras y tuvo hijos iguales a otros millones. Trabajaba lo justo para mantenerlos y vivir en edificios colmados de personas como él.
Cuando le dijeron que iba a morir pronto y que nadie de su familia, ni amigos ni vecinos podían acompañarlo, se suicidó.

Susana Accorsi